La entrada que voy a escribir a continuación promete ser de las más fuertes, asi que quedan advertidos desde el comienzo. El otro día fue Iom Kippur (Día del Perdón) en la religión judía por lo que es tradición ayunar durante todo un día para que Dios nos perdone de los errores que cometimos en el año (judío) pasado. En mi familia seguimos ese rito, al igual que otros, el cual cuesta muchísimo de mantener porque no sólo son 24 horas sino que entre una cosa y otra terminan siendo como 25 o hasta 27 si el servicio de la sinagoga se hace muy largo. Por suerte casi ni sentí el hambre pero en las horas finales mi cuerpo estaba extremadamente débil; lo más increíble de toda esta experiencia fue que empecé a valorar de otra manera la comida. Es la 1ª vez en seis años de ayuno (a veces no completo porque no llegaba a resistir) que veo algo nuevo en el mundo por medio de esta festividad tan especial. Gracias a que estuve un día entero sin comer pude llegar a esbozar el sentimiento de no tener un plato de comida en la mesa al menos un día de mi vida (ANTES de criticarme por favor valoren lo que estoy expresando por favor). La sensación es terrible, te lleva irremediablemente a tener que pensar en otra cosa para poder sobrellevarlo, y eso que por suerte tenía apuntes y trabajos de la facultad para distraerme, aparte de la televisión.
Yo, por cuestiones espaciales, tengo la desgracia de ver chicos que viven en el subte TODOS los días. Chicos con sus madres, con sus hermanos menores, con lo que sea, inundados asquerosamente de una miseria que choca contra mi realidad a diario y consume todas las ganas de pensar en otra cosa que puedo llegar a tener. Por la costumbre de verlos tooooodo el tiempo ya dejé de sentir lástima y lo que hago ahora es tratar de que su día sea un poco más llevadero, tratándolos como si fueran uno más: preguntándoles qué sienten por tal o cual cosa, hablándoles sobre educación o mostrándoles desde mi mp3 un tipo de música de la que ellos jamás se enteraron. Son tantas las cosas que se pueden hacer en lugar de darles una moneda que Dios sabe si es para ellos o algún ebrio o drogadicto que los tiene "a cargo" trabajando. Y de ahora en más cada vez que tengo un poco de excedente alimenticio a mano pienso en la tortura que fue para mi pasar un día sin comer y se los entrego, sabiendo que ellos sufrirán un poco menos y ese día de su vida será al menos un poco menos triste.
P.D: Le agradezco a todos los que firmaron en el posteo pasado, porque corrigieron una postura que yo tenía sobre el 21 de septiembre y dieron su opinión personal fructíferamente. Muchas gracias