martes, 1 de febrero de 2022

No culpes a la playa

En esta ocasión me gustaría utilizar la canción de Luis Miguel (¿o diría de Armando Manzanero...o de Jackson 5?) como nexo para contar anécdotas y sensaciones veraniegas. Sé que puede sonar un poco "banal" viniendo de mi parte pero esperen que tiene un poco de todo lo que me gusta hablar en un solo posteo. Ahí va.

Tuve la oportunidad de vacacionar este verano en dos lugares distintos: por un lado fui a Miramar (o Miramoishe como se la conoce coloquialmente por ser una ciudad elegida por gran parte de la comunidad judía) y San Clemente del Tuyú. Paso a describir las sensaciones que me dejaron ambos lugares aunque haya estado sólo algunos días en cada uno.

No es sólo una playa kosher

Como todo judío argentino que se precie de tal, tengo muchísima historia en Miramar desde mi infancia, lo cual un buen día terminó, dado que el tiempo fue pasando y nuestra familia dejó de ir. La última vez que había ido fue hace 15 años, por lo que era volver a sorprenderse con la nostalgia de calles que reconocía con otro cuerpo y otra identidad.
Es una ciudad que se ufana de ser muy family-friendly, pudiendo verse tanto en la playa como en la peatonal a muchas familias con niñ@s chic@s o adolescentes correteando por ahí.
El mar que baña sus costas tiene cierto oleaje y es divertido para aprender a barrenar, aunque hay demasiada gente bordeando la costa para mi gusto.
Noté en los balnearios un "crecimiento" que permite más organización en las actividades a realizar dentro de los mismos: piletas privadas, canchas de volley y de futbol cercadas, jacuzzi a la sombra que junto a los ya clásicos shows en vivo o clases de zumba hacen que no sea tan monótona la estadía. Eso sí: es creo que la única playa del mundo (me animo a decir) en que se puede ver gente jugando al Burako, siendo un juego que no es tan popular en Israel como yo creía pero sí abundante en Miramar.
Con respecto a los vendedores ambulantes desde la carpa escuché y vi las siguientes propuestas: vestidos y sombrillas (a precios exorbitantes), pochoclos, choclos, gaseosas y me sorprendió encontrar al vendedor de provoleta caliente, idea importada de Brasil por lo que pude notar, y no escuché ni al pirulinero ni al tradicional barquillo o al heladero pero eso puede ser por mi ubicación en ese momento.
Siendo una playa muy habitual de la comunidad judía (está el viejo chiste que me decía mi hermano que para entrar a la misma tenías que presentar el carnet de Hebraica, Hacoaj o Maccabi) no entiendo cómo a nadie se le ocurrió todavía ir por las carpas gritando "KINSHES DE PAPAAAAA, AL LEICAJ, BOIOS, LAJMASHIM...COMPRE, COMPRE, COMPRE, NO SEA UN POTS". Si no veo que se populariza esto en unos años prometo hacer un sketch estilo Moldavsky al respecto.
Personalmente me saturé un poco de ver personas, sobre todo niñ@s, dando vueltas y gritando, lo cual me afectó negativamente. (He aquí las consecuencias de pasar un confinamiento como el del 2020 con una personalidad como la mía.)


No es sólo Mundo Marino

Paso a hablar de San Clemente. Por testimonio de mi hermano, el único de mi familia que se acordaba cuándo habíamos ido, fuimos a veranear a estas playas con mi núcleo familiar allá por Verano del ´92. Por supuesto que no me acordaba nada de lo que había visto y fue todo nuevo para mí. Las playas tienen muchísimo más espacio que las de Miramar (en serio, es un montón de distancia de arena antes de adentrarse en el mar) pero por lo que noté los balnearios no son tan dinámicos, lo cual es entendible, siendo un destino mucho más humilde y sencillo que otros de la Costa.
Me quedé en un balneario que cobraba $2000 por día por carpa (un precio razonable) mientras que el balneario de AL LADO cobraba $3500, con muy pocas diferencias, lo cual habla de la poca regulación que hay por parte de empresarios privados evidentemente.
Había una sola cancha de volley en el balneario de al lado, el cual disfruté y donde aprendí lo que es "dejar remera": posicionar tu remera enrollada en la red para guardar un turno para jugar después con tu equipo. Hermosa organización anti-jerárquica (aunque he visto cómo la trampeaban para jugar varias veces seguidas también). ¿Torneos de truco, metegol o algo así? Nah, ni por asomo.
En estas playas también vi chocleros, pochocleros, vendedores de artesanías, pulseras, pelotas y otros elementos de playa, etcétera. Noté un ambiente mucho más calmo y relajante que Miramar.
El mar es muuuuy tranquilo, con pocas olas incluso cuando se supone que esté "picado". Ideal para despejarse en el mar o ir con niñ@s chiquit@s a que conozcan por primera vez el mar.

Ya que estaba en esta localidad, tenía que ir a su atracción históricamente más conocida: Mundo Marino. Aparte de sacar algunas fotos espectaculares y de ver animales que no acostumbro observar con frecuencia, entendí de qué se trata este zoológico y cómo es el estado de conservación de las especies que allí habitan. Tuve la oportunidad de hablar con un empleado del lugar con evidente experiencia que me comentó que los espectáculos que se muestran (a mí entender, un poco exigentes para los animales con el fin de contentar al público humano) son tomados por los cetáceos y mamíferos marinos como un entrenamiento ya que si no realizan actividad física, se les atrofian los músculos (igual que nos pasa a nosotr@s) por lo que venga gente o no, ell@s tienen que ejercitarse. Elijo creer para no pensar que se trata de explotación animal, aunque así parezca. Lo que sí no me cerró por ningún lado son los espectáculos que mostraban animales de otros biomas viviendo en esa reserva: papagayos, una llama, hipopótamos (cómo llegaron acá es un misterio para mí), búfalos y otros que no tenían el menor sentido en un clima bonaerense. Según este biólogo y los carteles que se ven en Mundo Marino, todos los animales son rescatados de cautiverio y no podrían sobrevivir en un ambiente natural. De nuevo: elijo creer. Los espacios dedicados a los animales (sobre todo los marinos) son muy reducidos pero el planteo es cómo podría hacerse para agrandarles cada lugar si para eso se deberían comprar las tierras aledañas y modificar casi por completo la mayoría de los espacios, todo para beneficio de los animales, cosa que no creo que sea prioridad para los dueños (privados) del parque de diversiones zoológicas.

 No culpes a la noche

Paso a comentar sobre la vida nocturna de uno y otro destino turístico.
Miramar: La peatonal es amplia y populosa. Hay gran variedad de tiendas de ropa, HELADERÍAS (no sé de dónde salieron tantas), librerías, negocios de chucherías y patios de comidas. 
Pude llegar a ver a lo lejos algún que otro espectáculo callejero cerca de la zona de artesanos (muy variada y recomendable por cierto) pero también escuché una crítica por parte de uno de los actores que está haciendo temporada ahí hace más de 20 años: parece ser que la municipalidad les dio sólo un par de cuadras y lejos del pleno centro para poder realizar su espectáculo. ¿Por qué? Eso no me quedó claro, pero sí me parece que hay un tema que resolver ahí. Al igual que explicarle al pueblo de 30000 habitantes por qué mataron a sangre fría a Luciano Olivera, siendo la teoría más latente la de un ajuste de cuentas entre el tío (policía) de este chico y otro comisario por un tema de drogas. Otro motivo por el cual es la institución policial la que tendría que ser voluntaria y no los bomberos, al revés de lo que sucede.
Perdón, me fui de tema. Retomando: Hay una atracción nocturna que recuerdo con cariño, a pesar de no ser de mis favoritas (de hecho no sé si alguna vez me subí a uno) que es el Trencito de la Alegría. En mi cabeza tenía la visión de un vehículo infantilizado con diversos personajes de la cultura popular y canciones para entretener a l@s más chic@s. Con el tiempo, por ese morbo que tenemos los humanos, este jolgorio ambulatorio fue (y es) utilizado en despedidas de solter@s y demás fiestas para adultos. Hasta ahí no le veo el inconveniente, quitándole todo el tabú que puede tener el jugar siendo mayores. Pero lo que vi en Miramar por lo menos me pareció que cruzó ciertos límites que poco tienen que ver con esta dinámica lúdica: por testimonio de un niño de 8 años relacionado a mi familia y por escenas que vi en la noche miramarense noté que aquellos simpáticos personajes encargados de alegrar el verano de pequeñ@s se convirtieron (al menos los que vagan por las noches) en peluches gigantes más parecidos a FNAF que a los sueños idílicos de las niñeces. ¿Por qué digo esto? Porque noté que los movimientos de muchos de estos actores disfrazados tienen connotaciones sexuales (siendo el más conocido, aquel gesto que popularizó el Dibu Martinez cuando le ganó a Colombia) y la música que se pasa en los Trencitos de la Alegría en ocasiones dista mucho de la que se recomienda para la niñez. No se escucha tanto Xuxa o Flavia Palmiero (uy, se me cayó el DNI verde) o el Sapo Pepe sino Reggaetón comercial o música que yo personalmente no recomendaría para chic@s en edad primaria. ¿Esto quiere decir que tiene que haber censura en la música que se pasa en las noches de vacaciones, viejo amargado? No, pero sí un poco de consideración para respetar las etapas evolutivas de la niñez, pelmazoide. Igual retomaré este punto más adelante.
Otro punto muy destacable de las noches de la costa son las casas de videojuegos (o "fichines" usando el léxico de Nivel X). El más popular de todos por lejos es "Pibelandia", que me dio tantas alegrías cuando era chico. [De hecho todavía recuerdo cuando salió la película Titanic allá por el ´97 y mi familia la fue a ver a un cine local, que ya no existe, y me dejó a mí con mi abuela (emboladísima) en ese local de videojuegos mientras ell@s se iba a ver la película de James Cameron.] En San Clemente también vi unos cuantos pero me sorprendió un detalle que evidentemente delata mi edad: cuando yo era chiquito lo que hacía habitualmente era ir a los fichines a ver cómo jugaban los otros más que para gastarme todas las fichas. Me entretenía bastante viendo la habilidad de manos y reflejos que tenían grandes jugadores adolescentes que notaban dedicación para tener el máximo puntaje o llegar incluso a ganar el juego. Hoy en día ya no es así, sino que lo más importante es ganar tickets o peluches en las crane machines (máquinas de grúas). Los videojuegos de antes hay que buscarlos con lupa y realmente hay que invertir bastante plata para tener cierto éxito (material, no simbólico) en este tipo de lugares. Por otro lado hay un detalle que estamos pasando por alto con lo que concuerdo con Baitybait: todos estos juegos, así como la posibilidad de comprar cofres en el mundo de los videojuegos, están volviendo a toda la nueva generación en ludópatas, siendo que para conseguir una recompensa lo que vale no es la habilidad o el entrenamiento sino gastar plata y apostarla en la posibilidad de conseguir algo. Prepárense para ver informes en los que se ven personalidades adictivas en distintos aspectos y con poca proyección de futuro porque este es sólo el comienzo...

Con respecto a la noche de San Clemente del Tuyú me sorprendió gratamente la cantidad de opciones que hay para disfrutar cuando cae el sol en este pequeño pueblo de 12000 habitantes. En los días que estuve vi tres espectáculos circenses callejeros, dos puestos ambulantes con obras de títeres, una feria artesanal hermosa y muy variopinta, otra a la que también le compré cosas, diversos y esporádicos artistas con instrumentos y DOS ESPECTÁCULOS DE TRANSFORMISMO (sí, dos). 
Esto último fue lo que más me sorprendió, sobre todo teniendo en cuenta que es un lugar bastante humilde en comparación con otros destinos de la Costa y aún así lograron un trabajo muy bueno, de la calidad que puede verse en Mar del Plata. Se nota la formación en Café Concert, Cabaret, espectáculos Vermout y mucha experiencia para trabajar con el público presente y el que pasa por la peatonal. Si están leyendo esto, quiero volver a decirles que les felicito por el trabajo realizado y que incluso me quedé con ganas de verlo nuevamente. Por cierto, una aclaración sobre este show: los horarios de estos espectáculos eran entre las 23 y la 1 de la mañana, lo cual se denomina "función vermut" en la jerga teatral. Es esperable que el tipo de presentaciones y de lenguaje que se utilice en esas funciones sea más bien dedicado a un público adulto. Si vos ves que un travesti te dice, a las 12:30 de la noche "función para todo público" desconfiá, sabiendo que es parte de su actuación; no lleves a tus nen@s chiquit@s pensando que es una función ATP porque se cae de maduro que va a estar lleno de puteadas (ensayadas, por supuesto) y juegos sexuales dedicados a un público adulto. Me pareció MUY negligente por parte de m-padres que llevaran a infantes a ver estos espectáculos (a pesar de que les están mostrando que la gente LGBT+ existe y son igual de humanos que cualquier otr@).
Algo que me sorprendió negativamente fue una cuestión que vi repetida en varios comercios, consecuencia de otra cuestión que me llamó la atención ver. Se sabe que la Argentina se caracteriza por la constante crisis económica y por la falta de estabilidad laboral y etcétera, pero acá vi todo lo contrario. Ni siquiera cuando viví en Inglaterra vi tantos negocios que dijeran "se busca emplead@". Después de hablar un poco con la gente local me decían que las personas nuevas no duran ni dos semanas en los trabajos porque se cansan o no tienen constancia. Esta creo que es la razón principal por la que vi en varios restaurantes a menores de edad (a veces incluso niñ@s) trabajando. Sí, puede ser que falte gente, que l@s chic@s sean parientes del dueño y lo hagan por voluntad durante un ratito o porque es su primer trabajo, lo que quieras, pero me hace ruido igual.

No culpes a la lluvia

Sequías extremas, calores insufribles, incendios a lo largo y ancho del país (cuando los medios sólo muestran fuegos y catástrofes de otras partes del mundo para confundir) y demás consecuencias nefastas de negar el cambio climático por tantos años. Es cierta la frase "no hay un plan(eta) B" porque este está jugando los minutos de descuento. Este año, por ejemplo, hubo una sequía sorprendentemente profunda en la provincia de Buenos Aires y en el litoral, provocando consecuencias bastante calamitosas. Y no es una novedad lo que pasa, es la desidia de los grupos de Poder que se encargan de enmascarar todo echándole la culpa al otro: la falta de lluvias, azares de la meteorología, la gente que no recicla o no sé que excusa de mierda tendrán para tratar de tapar un bosque con un árbol (si es que no los talaron a todos). Hicieron hasta 46° de sensación térmica en C.A.B.A. mientras estaba en la Costa y la bahía de San Borombón estaba bastante más seca de lo que debería. No nos damos cuenta de todo lo que estamos contaminando y cuando realmente reaccionemos veremos que no podemos comer dinero. Considero que algo tenemos que hacer para cambiar esta triste realidad palpable.

Sobre estos dos últimos puntos que nombré (gente que no dura en los trabajos, cubiertos por menores de edad y los conflictos medioambientales) quiero pensar que la escuela debería involucrarse más para poder mejorar el presente y el futuro de la humanidad.

¿Será que no me amas?

¿Cuántos versos más tengo que componerte para demostrarte que el Fuego que sentí en Oktubre del 2013 originó la revolución armada que sigue luchando por su libertad aunque no encuentre la manera de manifestarse activamente a diario? Porque te mentiré el día que te diga que no pienso más en vos y que lo que nos pasó fue pasajero, producto de la dialéctica utópica de nuestras fantasías. Se sublevaron los planes que tenía hasta ese momento, perfectamente organizados como me gustan a mí pero que se resquebrajaron ese cruel día que te dí la mano y mi cuerpo entró en ebullición. Ambos sabemos que el beso estuvo de más y fue ridículo lo que pasó después, pero no hay manera de explicar en los libros de Historia cómo se puede empezar un conflicto bélico en el momento en que se intercambian cadenas proteínicas desde las extremidades. Espero que ese sea el símbolo de nuestra lucha: que se nos vea como dos seres que alguna vez se amaron y se entendieron sin saber qué iba a pasarles en el futuro, qué crueldades iban a despojarte de todo lo que tenías e iban a enfrentarme a los fantasmas de la miseria humana, obligándome a pelear en un frente para el cual nunca se termina de estar preparado pero para el que voy dejando la vida porque así quiero dejar mi huella.
Por muy sanguinario que parezca el destino vuelvo a recurrir a ese duelo eterno en el que la incertidumbre se apodera de mis pensamientos y me dejo llevar por lo que pasa en mi interior, completamente rendido a los avatares de la desazón. Y tuve que ver "Satisfied" por vez número cuarenta y cinco para darme cuenta que me puede pasar lo mismo que a la protagonista. Que hay un millón de cosas que todavía no hice, pero que nunca voy a estar satisfecho. Porque vos no te animás a llorar conmigo, a prestarme tus lágrimas dolorosas, puñaladas teñidas de desidia y frustración. Porque confiás en mí pero no lo suficiente porque, lo dijiste bien, "no me conocés y no sabés quién soy" pero más que nada porque tenés miedo de que te deje, de que traicione a mis propios principios y mis propias palabras y sea hipócrita con el mensaje que te dije en nuestro árbol, aquel que fue asesinado de su hábitat por un bien mercantil, para que no queden rastros de que alguna vez allí reímos juntos, leímos poesía ilegal de un libro azul y nos besamos para provocar a la ley con gravedad. ¿Cuántas veces más te lo tengo que decir, naricita? Yo no puedo dejar de amarte porque no es una elección. Puedo seguir con mi vida y hacer de cuenta que no te extraño, que no imagino un futuro a tu lado, que no golpeo a la almohada porque no estás cerca, pero la mentira no me sale natural. Desearte la felicidad sí. Alegrarme por tus logros también. Y anhelar que me hables y te intereses por mí sin que te lo tenga que pedir es un rezo ateo diario. Espero volver a verte y finalmente dormir con vos en un día sin final, en una noche apasionada llena de sueños compartidos y caricias desordenadas, cuando volvamos a ser uno y dejemos escapar esos orgasmitos lentos hasta que el tiempo dé una fecha de fallecimiento. Te extraño desde lo más profundo de mis venas y como dije alguna vez lamento que el resto de las mujeres que voy conociendo en mi vida lo sepan, pero yo tuve la suerte de encontrar al amor de mi vida a los 24 años, siendo que quieras continuar con esta historia o no con una escenografía de montaña. Yo sigo ahí viendo pasar los calendarios hasta que la fruta caiga del árbol y quiera hacerse una con su naturaleza. Este es el ruego de "mi enamoramiento propio de solitario acumulado".

Redondeando un poco puedo decir que agradezco la posibilidad que tuve de ir a veranear aunque sea unos días a dos destinos distintos de la Costa Atlántica. No serán las playas más lindas ni las mejor preparadas, pero forman parte del territorio que elegí para vivir y de mi historia personal. Esto lo vi acentuado sobre todo por la música que podía escucharse en los paradores o en los parlantes de las personas que vacacionaban al mismo tiempo que yo. Me sentí muy a gusto y "protegido" al escuchar mucho rock nacional y alguna que otra canción de los ´80 que reconocía mientras veraneaba. A veces pasaban otras canciones que no me representan, pero siguen siendo en mi idioma, por lo que puedo comprender la letra al menos (esto no pasa ni en Brasil ni en las playas europeas, africanas o asiáticas). También la posibilidad de hablar con gente de otros lados y jugar al truco o al Burako con otra gente desconocida  (y ganar :P) me dio mucha satisfacción.
¿Qué pasó con el COVID se preguntarán? Bueno, había que reactivar el turismo y para eso se abrió todo o prácticamente todas las actividades, después de un año trágico a nivel comercial para toda la Costa Atlántica cuyo principal ingreso anual son tres meses de turismo. Había algunas restricciones o la obligación de usar barbijo en ciertos ámbitos, pero nada demasiado exagerado como venimos acostumbrad@s. ¿Cuáles fueron las consecuencias de eso? Que tanto mi viejo como yo fuimos apestados por Omicron y nos contagiamos de COVID (yo por segunda vez). Ahora ya estamos bien, pero somos otro número más de los que caímos como moscas y nos pasamos una semana encerrad@s. Parece ser que la moda del verano es contagiarse de Omicron. Esperemos que el futuro nos permita más libertades y que de una buena vez por todas se termine esta mierda del COVID-19 para volver a sentir la tranquilidad de caminar por las calles, ir a veranear como queremos o disfrutar de nuestros seres queridos sin restricciones.

P.D: Estoy en plena edición del audiolibro de "Pedagogía Incendiaria" como prometí que haría cuando lo saqué a la venta por primera vez. Ya avisaré cuando esté listo así lo pueden escuchar.

No culpes a la playa

En esta ocasión me gustaría utilizar la canción de Luis Miguel (¿o diría de Armando Manzanero...o de Jackson 5?) como nexo para contar anécdotas y sensaciones veraniegas. Sé que puede sonar un poco "banal" viniendo de mi parte pero esperen que tiene un poco de todo lo que me gusta hablar en un solo posteo. Ahí va.

Tuve la oportunidad de vacacionar este verano en dos lugares distintos: por un lado fui a Miramar (o Miramoishe como se la conoce coloquialmente por ser una ciudad elegida por gran parte de la comunidad judía) y San Clemente del Tuyú. Paso a describir las sensaciones que me dejaron ambos lugares aunque haya estado sólo algunos días en cada uno.

No es sólo una playa kosher

Como todo judío argentino que se precie de tal, tengo muchísima historia en Miramar desde mi infancia, lo cual un buen día terminó, dado que el tiempo fue pasando y nuestra familia dejó de ir. La última vez que había ido fue hace 15 años, por lo que era volver a sorprenderse con la nostalgia de calles que reconocía con otro cuerpo y otra identidad.
Es una ciudad que se ufana de ser muy family-friendly, pudiendo verse tanto en la playa como en la peatonal a muchas familias con niñ@s chic@s o adolescentes correteando por ahí.
El mar que baña sus costas tiene cierto oleaje y es divertido para aprender a barrenar, aunque hay demasiada gente bordeando la costa para mi gusto.
Noté en los balnearios un "crecimiento" que permite más organización en las actividades a realizar dentro de los mismos: piletas privadas, canchas de volley y de futbol cercadas, jacuzzi a la sombra que junto a los ya clásicos shows en vivo o clases de zumba hacen que no sea tan monótona la estadía. Eso sí: es creo que la única playa del mundo (me animo a decir) en que se puede ver gente jugando al Burako, siendo un juego que no es tan popular en Israel como yo creía pero sí abundante en Miramar.
Con respecto a los vendedores ambulantes desde la carpa escuché y vi las siguientes propuestas: vestidos y sombrillas (a precios exorbitantes), pochoclos, choclos, gaseosas y me sorprendió encontrar al vendedor de provoleta caliente, idea importada de Brasil por lo que pude notar, y no escuché ni al pirulinero ni al tradicional barquillo o al heladero pero eso puede ser por mi ubicación en ese momento.
Siendo una playa muy habitual de la comunidad judía (está el viejo chiste que me decía mi hermano que para entrar a la misma tenías que presentar el carnet de Hebraica, Hacoaj o Maccabi) no entiendo cómo a nadie se le ocurrió todavía ir por las carpas gritando "KINSHES DE PAPAAAAA, AL LEICAJ, BOIOS, LAJMASHIM...COMPRE, COMPRE, COMPRE, NO SEA UN POTS". Si no veo que se populariza esto en unos años prometo hacer un sketch estilo Moldavsky al respecto.
Personalmente me saturé un poco de ver personas, sobre todo niñ@s, dando vueltas y gritando, lo cual me afectó negativamente. (He aquí las consecuencias de pasar un confinamiento como el del 2020 con una personalidad como la mía.)


No es sólo Mundo Marino

Paso a hablar de San Clemente. Por testimonio de mi hermano, el único de mi familia que se acordaba cuándo habíamos ido, fuimos a veranear a estas playas con mi núcleo familiar allá por Verano del ´92. Por supuesto que no me acordaba nada de lo que había visto y fue todo nuevo para mí. Las playas tienen muchísimo más espacio que las de Miramar (en serio, es un montón de distancia de arena antes de adentrarse en el mar) pero por lo que noté los balnearios no son tan dinámicos, lo cual es entendible, siendo un destino mucho más humilde y sencillo que otros de la Costa.
Me quedé en un balneario que cobraba $2000 por día por carpa (un precio razonable) mientras que el balneario de AL LADO cobraba $3500, con muy pocas diferencias, lo cual habla de la poca regulación que hay por parte de empresarios privados evidentemente.
Había una sola cancha de volley en el balneario de al lado, el cual disfruté y donde aprendí lo que es "dejar remera": posicionar tu remera enrollada en la red para guardar un turno para jugar después con tu equipo. Hermosa organización anti-jerárquica (aunque he visto cómo la trampeaban para jugar varias veces seguidas también). ¿Torneos de truco, metegol o algo así? Nah, ni por asomo.
En estas playas también vi chocleros, pochocleros, vendedores de artesanías, pulseras, pelotas y otros elementos de playa, etcétera. Noté un ambiente mucho más calmo y relajante que Miramar.
El mar es muuuuy tranquilo, con pocas olas incluso cuando se supone que esté "picado". Ideal para despejarse en el mar o ir con niñ@s chiquit@s a que conozcan por primera vez el mar.

Ya que estaba en esta localidad, tenía que ir a su atracción históricamente más conocida: Mundo Marino. Aparte de sacar algunas fotos espectaculares y de ver animales que no acostumbro observar con frecuencia, entendí de qué se trata este zoológico y cómo es el estado de conservación de las especies que allí habitan. Tuve la oportunidad de hablar con un empleado del lugar con evidente experiencia que me comentó que los espectáculos que se muestran (a mí entender, un poco exigentes para los animales con el fin de contentar al público humano) son tomados por los cetáceos y mamíferos marinos como un entrenamiento ya que si no realizan actividad física, se les atrofian los músculos (igual que nos pasa a nosotr@s) por lo que venga gente o no, ell@s tienen que ejercitarse. Elijo creer para no pensar que se trata de explotación animal, aunque así parezca. Lo que sí no me cerró por ningún lado son los espectáculos que mostraban animales de otros biomas viviendo en esa reserva: papagayos, una llama, hipopótamos (cómo llegaron acá es un misterio para mí), búfalos y otros que no tenían el menor sentido en un clima bonaerense. Según este biólogo y los carteles que se ven en Mundo Marino, todos los animales son rescatados de cautiverio y no podrían sobrevivir en un ambiente natural. De nuevo: elijo creer. Los espacios dedicados a los animales (sobre todo los marinos) son muy reducidos pero el planteo es cómo podría hacerse para agrandarles cada lugar si para eso se deberían comprar las tierras aledañas y modificar casi por completo la mayoría de los espacios, todo para beneficio de los animales, cosa que no creo que sea prioridad para los dueños (privados) del parque de diversiones zoológicas.

 No culpes a la noche

Paso a comentar sobre la vida nocturna de uno y otro destino turístico.
Miramar: La peatonal es amplia y populosa. Hay gran variedad de tiendas de ropa, HELADERÍAS (no sé de dónde salieron tantas), librerías, negocios de chucherías y patios de comidas. 
Pude llegar a ver a lo lejos algún que otro espectáculo callejero cerca de la zona de artesanos (muy variada y recomendable por cierto) pero también escuché una crítica por parte de uno de los actores que está haciendo temporada ahí hace más de 20 años: parece ser que la municipalidad les dio sólo un par de cuadras y lejos del pleno centro para poder realizar su espectáculo. ¿Por qué? Eso no me quedó claro, pero sí me parece que hay un tema que resolver ahí. Al igual que explicarle al pueblo de 30000 habitantes por qué mataron a sangre fría a Luciano Olivera, siendo la teoría más latente la de un ajuste de cuentas entre el tío (policía) de este chico y otro comisario por un tema de drogas. Otro motivo por el cual es la institución policial la que tendría que ser voluntaria y no los bomberos, al revés de lo que sucede.
Perdón, me fui de tema. Retomando: Hay una atracción nocturna que recuerdo con cariño, a pesar de no ser de mis favoritas (de hecho no sé si alguna vez me subí a uno) que es el Trencito de la Alegría. En mi cabeza tenía la visión de un vehículo infantilizado con diversos personajes de la cultura popular y canciones para entretener a l@s más chic@s. Con el tiempo, por ese morbo que tenemos los humanos, este jolgorio ambulatorio fue (y es) utilizado en despedidas de solter@s y demás fiestas para adultos. Hasta ahí no le veo el inconveniente, quitándole todo el tabú que puede tener el jugar siendo mayores. Pero lo que vi en Miramar por lo menos me pareció que cruzó ciertos límites que poco tienen que ver con esta dinámica lúdica: por testimonio de un niño de 8 años relacionado a mi familia y por escenas que vi en la noche miramarense noté que aquellos simpáticos personajes encargados de alegrar el verano de pequeñ@s se convirtieron (al menos los que vagan por las noches) en peluches gigantes más parecidos a FNAF que a los sueños idílicos de las niñeces. ¿Por qué digo esto? Porque noté que los movimientos de muchos de estos actores disfrazados tienen connotaciones sexuales (siendo el más conocido, aquel gesto que popularizó el Dibu Martinez cuando le ganó a Colombia) y la música que se pasa en los Trencitos de la Alegría en ocasiones dista mucho de la que se recomienda para la niñez. No se escucha tanto Xuxa o Flavia Palmiero (uy, se me cayó el DNI verde) o el Sapo Pepe sino Reggaetón comercial o música que yo personalmente no recomendaría para chic@s en edad primaria. ¿Esto quiere decir que tiene que haber censura en la música que se pasa en las noches de vacaciones, viejo amargado? No, pero sí un poco de consideración para respetar las etapas evolutivas de la niñez, pelmazoide. Igual retomaré este punto más adelante.
Otro punto muy destacable de las noches de la costa son las casas de videojuegos (o "fichines" usando el léxico de Nivel X). El más popular de todos por lejos es "Pibelandia", que me dio tantas alegrías cuando era chico. [De hecho todavía recuerdo cuando salió la película Titanic allá por el ´97 y mi familia la fue a ver a un cine local, que ya no existe, y me dejó a mí con mi abuela (emboladísima) en ese local de videojuegos mientras ell@s se iba a ver la película de James Cameron.] En San Clemente también vi unos cuantos pero me sorprendió un detalle que evidentemente delata mi edad: cuando yo era chiquito lo que hacía habitualmente era ir a los fichines a ver cómo jugaban los otros más que para gastarme todas las fichas. Me entretenía bastante viendo la habilidad de manos y reflejos que tenían grandes jugadores adolescentes que notaban dedicación para tener el máximo puntaje o llegar incluso a ganar el juego. Hoy en día ya no es así, sino que lo más importante es ganar tickets o peluches en las crane machines (máquinas de grúas). Los videojuegos de antes hay que buscarlos con lupa y realmente hay que invertir bastante plata para tener cierto éxito (material, no simbólico) en este tipo de lugares. Por otro lado hay un detalle que estamos pasando por alto con lo que concuerdo con Baitybait: todos estos juegos, así como la posibilidad de comprar cofres en el mundo de los videojuegos, están volviendo a toda la nueva generación en ludópatas, siendo que para conseguir una recompensa lo que vale no es la habilidad o el entrenamiento sino gastar plata y apostarla en la posibilidad de conseguir algo. Prepárense para ver informes en los que se ven personalidades adictivas en distintos aspectos y con poca proyección de futuro porque este es sólo el comienzo...

Con respecto a la noche de San Clemente del Tuyú me sorprendió gratamente la cantidad de opciones que hay para disfrutar cuando cae el sol en este pequeño pueblo de 12000 habitantes. En los días que estuve vi tres espectáculos circenses callejeros, dos puestos ambulantes con obras de títeres, una feria artesanal hermosa y muy variopinta, otra a la que también le compré cosas, diversos y esporádicos artistas con instrumentos y DOS ESPECTÁCULOS DE TRANSFORMISMO (sí, dos). 
Esto último fue lo que más me sorprendió, sobre todo teniendo en cuenta que es un lugar bastante humilde en comparación con otros destinos de la Costa y aún así lograron un trabajo muy bueno, de la calidad que puede verse en Mar del Plata. Se nota la formación en Café Concert, Cabaret, espectáculos Vermout y mucha experiencia para trabajar con el público presente y el que pasa por la peatonal. Si están leyendo esto, quiero volver a decirles que les felicito por el trabajo realizado y que incluso me quedé con ganas de verlo nuevamente. Por cierto, una aclaración sobre este show: los horarios de estos espectáculos eran entre las 23 y la 1 de la mañana, lo cual se denomina "función vermut" en la jerga teatral. Es esperable que el tipo de presentaciones y de lenguaje que se utilice en esas funciones sea más bien dedicado a un público adulto. Si vos ves que un travesti te dice, a las 12:30 de la noche "función para todo público" desconfiá, sabiendo que es parte de su actuación; no lleves a tus nen@s chiquit@s pensando que es una función ATP porque se cae de maduro que va a estar lleno de puteadas (ensayadas, por supuesto) y juegos sexuales dedicados a un público adulto. Me pareció MUY negligente por parte de m-padres que llevaran a infantes a ver estos espectáculos (a pesar de que les están mostrando que la gente LGBT+ existe y son igual de humanos que cualquier otr@).
Algo que me sorprendió negativamente fue una cuestión que vi repetida en varios comercios, consecuencia de otra cuestión que me llamó la atención ver. Se sabe que la Argentina se caracteriza por la constante crisis económica y por la falta de estabilidad laboral y etcétera, pero acá vi todo lo contrario. Ni siquiera cuando viví en Inglaterra vi tantos negocios que dijeran "se busca emplead@". Después de hablar un poco con la gente local me decían que las personas nuevas no duran ni dos semanas en los trabajos porque se cansan o no tienen constancia. Esta creo que es la razón principal por la que vi en varios restaurantes a menores de edad (a veces incluso niñ@s) trabajando. Sí, puede ser que falte gente, que l@s chic@s sean parientes del dueño y lo hagan por voluntad durante un ratito o porque es su primer trabajo, lo que quieras, pero me hace ruido igual.

No culpes a la lluvia

Sequías extremas, calores insufribles, incendios a lo largo y ancho del país (cuando los medios sólo muestran fuegos y catástrofes de otras partes del mundo para confundir) y demás consecuencias nefastas de negar el cambio climático por tantos años. Es cierta la frase "no hay un plan(eta) B" porque este está jugando los minutos de descuento. Este año, por ejemplo, hubo una sequía sorprendentemente profunda en la provincia de Buenos Aires y en el litoral, provocando consecuencias bastante calamitosas. Y no es una novedad lo que pasa, es la desidia de los grupos de Poder que se encargan de enmascarar todo echándole la culpa al otro: la falta de lluvias, azares de la meteorología, la gente que no recicla o no sé que excusa de mierda tendrán para tratar de tapar un bosque con un árbol (si es que no los talaron a todos). Hicieron hasta 46° de sensación térmica en C.A.B.A. mientras estaba en la Costa y la bahía de San Borombón estaba bastante más seca de lo que debería. No nos damos cuenta de todo lo que estamos contaminando y cuando realmente reaccionemos veremos que no podemos comer dinero. Considero que algo tenemos que hacer para cambiar esta triste realidad palpable.

Sobre estos dos últimos puntos que nombré (gente que no dura en los trabajos, cubiertos por menores de edad y los conflictos medioambientales) quiero pensar que la escuela debería involucrarse más para poder mejorar el presente y el futuro de la humanidad.

¿Será que no me amas?

¿Cuántos versos más tengo que componerte para demostrarte que el Fuego que sentí en Oktubre del 2013 originó la revolución armada que sigue luchando por su libertad aunque no encuentre la manera de manifestarse activamente a diario? Porque te mentiré el día que te diga que no pienso más en vos y que lo que nos pasó fue pasajero, producto de la dialéctica utópica de nuestras fantasías. Se sublevaron los planes que tenía hasta ese momento, perfectamente organizados como me gustan a mí pero que se resquebrajaron ese cruel día que te dí la mano y mi cuerpo entró en ebullición. Ambos sabemos que el beso estuvo de más y fue ridículo lo que pasó después, pero no hay manera de explicar en los libros de Historia cómo se puede empezar un conflicto bélico en el momento en que se intercambian cadenas proteínicas desde las extremidades. Espero que ese sea el símbolo de nuestra lucha: que se nos vea como dos seres que alguna vez se amaron y se entendieron sin saber qué iba a pasarles en el futuro, qué crueldades iban a despojarte de todo lo que tenías e iban a enfrentarme a los fantasmas de la miseria humana, obligándome a pelear en un frente para el cual nunca se termina de estar preparado pero para el que voy dejando la vida porque así quiero dejar mi huella.
Por muy sanguinario que parezca el destino vuelvo a recurrir a ese duelo eterno en el que la incertidumbre se apodera de mis pensamientos y me dejo llevar por lo que pasa en mi interior, completamente rendido a los avatares de la desazón. Y tuve que ver "Satisfied" por vez número cuarenta y cinco para darme cuenta que me puede pasar lo mismo que a la protagonista. Que hay un millón de cosas que todavía no hice, pero que nunca voy a estar satisfecho. Porque vos no te animás a llorar conmigo, a prestarme tus lágrimas dolorosas, puñaladas teñidas de desidia y frustración. Porque confiás en mí pero no lo suficiente porque, lo dijiste bien, "no me conocés y no sabés quién soy" pero más que nada porque tenés miedo de que te deje, de que traicione a mis propios principios y mis propias palabras y sea hipócrita con el mensaje que te dije en nuestro árbol, aquel que fue asesinado de su hábitat por un bien mercantil, para que no queden rastros de que alguna vez allí reímos juntos, leímos poesía ilegal de un libro azul y nos besamos para provocar a la ley con gravedad. ¿Cuántas veces más te lo tengo que decir, naricita? Yo no puedo dejar de amarte porque no es una elección. Puedo seguir con mi vida y hacer de cuenta que no te extraño, que no imagino un futuro a tu lado, que no golpeo a la almohada porque no estás cerca, pero la mentira no me sale natural. Desearte la felicidad sí. Alegrarme por tus logros también. Y anhelar que me hables y te intereses por mí sin que te lo tenga que pedir es un rezo ateo diario. Espero volver a verte y finalmente dormir con vos en un día sin final, en una noche apasionada llena de sueños compartidos y caricias desordenadas, cuando volvamos a ser uno y dejemos escapar esos orgasmitos lentos hasta que el tiempo dé una fecha de fallecimiento. Te extraño desde lo más profundo de mis venas y como dije alguna vez lamento que el resto de las mujeres que voy conociendo en mi vida lo sepan, pero yo tuve la suerte de encontrar al amor de mi vida a los 24 años, siendo que quieras continuar con esta historia o no con una escenografía de montaña. Yo sigo ahí viendo pasar los calendarios hasta que la fruta caiga del árbol y quiera hacerse una con su naturaleza. Este es el ruego de "mi enamoramiento propio de solitario acumulado".

Redondeando un poco puedo decir que agradezco la posibilidad que tuve de ir a veranear aunque sea unos días a dos destinos distintos de la Costa Atlántica. No serán las playas más lindas ni las mejor preparadas, pero forman parte del territorio que elegí para vivir y de mi historia personal. Esto lo vi acentuado sobre todo por la música que podía escucharse en los paradores o en los parlantes de las personas que vacacionaban al mismo tiempo que yo. Me sentí muy a gusto y "protegido" al escuchar mucho rock nacional y alguna que otra canción de los ´80 que reconocía mientras veraneaba. A veces pasaban otras canciones que no me representan, pero siguen siendo en mi idioma, por lo que puedo comprender la letra al menos (esto no pasa ni en Brasil ni en las playas europeas, africanas o asiáticas). También la posibilidad de hablar con gente de otros lados y jugar al truco o al Burako con otra gente desconocida  (y ganar :P) me dio mucha satisfacción.
¿Qué pasó con el COVID se preguntarán? Bueno, había que reactivar el turismo y para eso se abrió todo o prácticamente todas las actividades, después de un año trágico a nivel comercial para toda la Costa Atlántica cuyo principal ingreso anual son tres meses de turismo. Había algunas restricciones o la obligación de usar barbijo en ciertos ámbitos, pero nada demasiado exagerado como venimos acostumbrad@s. ¿Cuáles fueron las consecuencias de eso? Que tanto mi viejo como yo fuimos apestados por Omicron y nos contagiamos de COVID (yo por segunda vez). Ahora ya estamos bien, pero somos otro número más de los que caímos como moscas y nos pasamos una semana encerrad@s. Parece ser que la moda del verano es contagiarse de Omicron. Esperemos que el futuro nos permita más libertades y que de una buena vez por todas se termine esta mierda del COVID-19 para volver a sentir la tranquilidad de caminar por las calles, ir a veranear como queremos o disfrutar de nuestros seres queridos sin restricciones.

P.D: Estoy en plena edición del audiolibro de "Pedagogía Incendiaria" como prometí que haría cuando lo saqué a la venta por primera vez. Ya avisaré cuando esté listo así lo pueden escuchar.

sábado, 1 de enero de 2022

Dos policías en un coche que pasa

Un cuento policial 

Lo importante es la humillación. Demostrar poder. Dar a entender que soy yo quien manda, quien impone las reglas. El poder ejecutivo se subyuga en mi presencia. El llanto de la persona detenida es la miel de la victoria, la razón del por qué me levanto a las mañanas a rezarle a la virgen para volver sano y salvo. Es lo que hace tolerar la pirámide de mandos y las órdenes del comisario que pedía que Gómez y yo fuéramos ese día de calor a vigilar Cabildo y José Hernández en pleno Diciembre, con el calor infernal y el hormiguero de gente desesperada porque ya se termina el año y no se da cuenta que en una semana empieza de nuevo. Por suerte ese día fue distinto, un poco de diversión.
Estábamos haciendo la ronda habitual, viendo si nos cruzábamos con Gisela, la piba que atiende el local de María, y si esta vez sí se anima a darme el número así le puedo tirar los galgos como se supone que haga. No sabés las ganas que le tengo a esa guacha. O de verla a Lucía, que ya le tiró la goma una vez a mi compañero, un día que su marido se había ido a repartir fiambres a Florida. De pronto nos llama Tonelli con el handy diciendo que un vecino la paró a Gustava porque dos pendejas de mierda le chorearon la billetera y salieron cagando. Estos pungas del orto. ¿No tienen nada mejor que hacer que venir a romper las pelotas a la gente que labura? Y justo un día de calor, la puta madre que las parió. Habría que matarlos a todos a estos negros de mierda.
Gómez puso primera y prendimos la sirena. Creo que es la primera vez en todo el mes que la prendemos, ya tenía miedo que no andara más. No puedo explicar la sensación de adrenalina que me mueve ese ruido; la reacción de la gente, cómo nos miran con respeto porque saben que sin nosotros no son nada. [Las personas comunes no saben defenderse de estos negros, para eso nos necesitan.]
Nos metimos por Echeverría y doblamos para Cabildo. De lejos vemos a Ramirez y Giardetti corriendo a dos sujetas con las características que decían de las Natalia Natalia. Por suerte las alcanzan enseguida porque las pelotudas van con el pelo suelto. ¿No se dan cuenta lo boludas que son? Giardetti es un capo de esto, ya estuvo como en tres persecuciones con chorros en los diez años que tiene de servicio. Dicen en el destacamento que en una casi saca el arma porque se le retobó un guachín en la plaza antes de que le metan las rejas y bueno, la cosa es que parece que no va a joder más ese pibe porque le dejó la pierna partida al medio de un garrotazo. O eso queremos creer. Volviendo al relato original, entre los dos las alcanzan tirándoles del pelo y las tiran al piso. ¡Qué lindo que fue ver eso! Las minas gritaban que no se qué, que ellas no hicieron nada, que el tipo no sé que otra cosa...bah, lo mismo de siempre. Es lo que aprenden en el curso de chorros.
Bue, la cosa es que Gustava y José las levantan con las manos en la espalda, como dice el procedimiento, y las estampan contra la pared. Le manosean todo viendo a ver si tenían un fierro o una faca pero parece que ninguna de las dos tenía nada. Así suelen hacer las pibas, por eso es más jodido meterlas en el buzón. Sacan las esposas y las sientan de golpe y porrazo (el que entendió, entendió) pegadas a la reja del local de telas de Betiana, que está de vacaciones, en la esquina de Cabildo y José Hernández, frente al Banco Nación. Ahí mismo, aparte de nosotros llegó el móvil de Fertucci y Sastre para hacer el aguante y porque cuanto más bulto, mejor. Las malvivientes se ponen a llorar porque dicen que no fueron y que no tienen nada que ver pero yo le creo a mis compañeros. Igual no sé por qué se calientan tanto si después salen enseguida. Si alguien les paga la fianza pueden pasar Año Nuevo con su familia, si es que tienen. Pero que se coman la vergüenza que se merecen por hacer las cosas mal. Si se hubieran buscado un laburo honesto en vez de ir por ahí robándole a la gente que se esfuerza por sacar el país adelante, no les hubiera pasado todo esta situación. Que aprendan que eso no lo tienen que hacer y, de paso, quién manda. Porque si se van a pasar de vivas jodiendo a los vecinos por ahí, las fuerzas le van a caer con el peso de la ley. Y nosotros no nos andamos con chiquitas. Si tenemos que fajar, fajamos, y si se nos tiene que escapar un tiro para imponernos, que Dios te ayude.
Después de eso vino la parte aburrida: el papelerío, dejar las luces girando al pedo, decirle a la gente que siga caminando, pero por suerte en esa veo a la Colo, que me venía esquivando el saludo desde que le pedí la revista el otro día y me pidió que se le pague (¿quién se cree que es? ¿no sabe quién soy yo?), a lo que me pintó decirle "¿viste lo que pasó?" y nos quedamos hablando un ratito ahí sobre cómo están las cosas últimamente, que en la semana de Navidad le sacaron dos especiales de Gente y salieron cagando, pero dónde estaba yo para protegerla (pobrecita, cree que el mundo gira a su alrededor; si sabe que a esa hora yo estaba terminando un pan dulce que nos regalaron en la seccional porque si lo llevo a casa los pibes no me dejan ni las migas) y la rematé chamuyando como el mejor: "No puedo estar en todos lados. La vida del oficial es muy sacrificada." Esa frase me la enseñó Sarategui cuando era Cabo; me dice que las minas se mueren cuando la escuchan. Acá la Colo me miró con la cara de forra que pone a veces cuando me quiere mandar a la mierda pero no se anima porque sabe la que le espera si no me compra la rifa mensual que hacemos para costearnos las vacaciones y los chiches que nos merecemos por nuestro servicio a la comunidad. 
Ya terminado esto, que habrá durado hora y media ponele, nos fuimos a tomar un café con los de la patrulla 44 porque nos merecemos un descanso después de tantas emociones. Total, si nosotros vigilamos o no, el mundo sigue girando.

Dos policías en un coche que pasa

Un cuento policial 

Lo importante es la humillación. Demostrar poder. Dar a entender que soy yo quien manda, quien impone las reglas. El poder ejecutivo se subyuga en mi presencia. El llanto de la persona detenida es la miel de la victoria, la razón del por qué me levanto a las mañanas a rezarle a la virgen para volver sano y salvo. Es lo que hace tolerar la pirámide de mandos y las órdenes del comisario que pedía que Gómez y yo fuéramos ese día de calor a vigilar Cabildo y José Hernández en pleno Diciembre, con el calor infernal y el hormiguero de gente desesperada porque ya se termina el año y no se da cuenta que en una semana empieza de nuevo. Por suerte ese día fue distinto, un poco de diversión.
Estábamos haciendo la ronda habitual, viendo si nos cruzábamos con Gisela, la piba que atiende el local de María, y si esta vez sí se anima a darme el número así le puedo tirar los galgos como se supone que haga. No sabés las ganas que le tengo a esa guacha. O de verla a Lucía, que ya le tiró la goma una vez a mi compañero, un día que su marido se había ido a repartir fiambres a Florida. De pronto nos llama Tonelli con el handy diciendo que un vecino la paró a Gustava porque dos pendejas de mierda le chorearon la billetera y salieron cagando. Estos pungas del orto. ¿No tienen nada mejor que hacer que venir a romper las pelotas a la gente que labura? Y justo un día de calor, la puta madre que las parió. Habría que matarlos a todos a estos negros de mierda.
Gómez puso primera y prendimos la sirena. Creo que es la primera vez en todo el mes que la prendemos, ya tenía miedo que no andara más. No puedo explicar la sensación de adrenalina que me mueve ese ruido; la reacción de la gente, cómo nos miran con respeto porque saben que sin nosotros no son nada. [Las personas comunes no saben defenderse de estos negros, para eso nos necesitan.]
Nos metimos por Echeverría y doblamos para Cabildo. De lejos vemos a Ramirez y Giardetti corriendo a dos sujetas con las características que decían de las Natalia Natalia. Por suerte las alcanzan enseguida porque las pelotudas van con el pelo suelto. ¿No se dan cuenta lo boludas que son? Giardetti es un capo de esto, ya estuvo como en tres persecuciones con chorros en los diez años que tiene de servicio. Dicen en el destacamento que en una casi saca el arma porque se le retobó un guachín en la plaza antes de que le metan las rejas y bueno, la cosa es que parece que no va a joder más ese pibe porque le dejó la pierna partida al medio de un garrotazo. O eso queremos creer. Volviendo al relato original, entre los dos las alcanzan tirándoles del pelo y las tiran al piso. ¡Qué lindo que fue ver eso! Las minas gritaban que no se qué, que ellas no hicieron nada, que el tipo no sé que otra cosa...bah, lo mismo de siempre. Es lo que aprenden en el curso de chorros.
Bue, la cosa es que Gustava y José las levantan con las manos en la espalda, como dice el procedimiento, y las estampan contra la pared. Le manosean todo viendo a ver si tenían un fierro o una faca pero parece que ninguna de las dos tenía nada. Así suelen hacer las pibas, por eso es más jodido meterlas en el buzón. Sacan las esposas y las sientan de golpe y porrazo (el que entendió, entendió) pegadas a la reja del local de telas de Betiana, que está de vacaciones, en la esquina de Cabildo y José Hernández, frente al Banco Nación. Ahí mismo, aparte de nosotros llegó el móvil de Fertucci y Sastre para hacer el aguante y porque cuanto más bulto, mejor. Las malvivientes se ponen a llorar porque dicen que no fueron y que no tienen nada que ver pero yo le creo a mis compañeros. Igual no sé por qué se calientan tanto si después salen enseguida. Si alguien les paga la fianza pueden pasar Año Nuevo con su familia, si es que tienen. Pero que se coman la vergüenza que se merecen por hacer las cosas mal. Si se hubieran buscado un laburo honesto en vez de ir por ahí robándole a la gente que se esfuerza por sacar el país adelante, no les hubiera pasado todo esta situación. Que aprendan que eso no lo tienen que hacer y, de paso, quién manda. Porque si se van a pasar de vivas jodiendo a los vecinos por ahí, las fuerzas le van a caer con el peso de la ley. Y nosotros no nos andamos con chiquitas. Si tenemos que fajar, fajamos, y si se nos tiene que escapar un tiro para imponernos, que Dios te ayude.
Después de eso vino la parte aburrida: el papelerío, dejar las luces girando al pedo, decirle a la gente que siga caminando, pero por suerte en esa veo a la Colo, que me venía esquivando el saludo desde que le pedí la revista el otro día y me pidió que se le pague (¿quién se cree que es? ¿no sabe quién soy yo?), a lo que me pintó decirle "¿viste lo que pasó?" y nos quedamos hablando un ratito ahí sobre cómo están las cosas últimamente, que en la semana de Navidad le sacaron dos especiales de Gente y salieron cagando, pero dónde estaba yo para protegerla (pobrecita, cree que el mundo gira a su alrededor; si sabe que a esa hora yo estaba terminando un pan dulce que nos regalaron en la seccional porque si lo llevo a casa los pibes no me dejan ni las migas) y la rematé chamuyando como el mejor: "No puedo estar en todos lados. La vida del oficial es muy sacrificada." Esa frase me la enseñó Sarategui cuando era Cabo; me dice que las minas se mueren cuando la escuchan. Acá la Colo me miró con la cara de forra que pone a veces cuando me quiere mandar a la mierda pero no se anima porque sabe la que le espera si no me compra la rifa mensual que hacemos para costearnos las vacaciones y los chiches que nos merecemos por nuestro servicio a la comunidad. 
Ya terminado esto, que habrá durado hora y media ponele, nos fuimos a tomar un café con los de la patrulla 44 porque nos merecemos un descanso después de tantas emociones. Total, si nosotros vigilamos o no, el mundo sigue girando.

lunes, 22 de noviembre de 2021

El silencio (no) es salud

 Esta entrada surge de una conversación que tuve con mi tía sobre un comentario que hice en una entrevista por mi libro.
En un momento en que hablaba sobre la libertad de expresión y la imposibilidad que suele tener el alumnado general de poder decir lo que quiere en clase (sobre todo lo referido al capítulo 2: "En búsqueda de la intimidad aplicada y lejos de la intimidación")  en un momento dije "el silencio no es salud, es enfermedad" lo cual fue una referencia a la frase que se decía en época de dictaduras militares para dar a entender de que sólo se podía hablar de los temas que la junta militar considerara correctos, quienes tomaron la frase de un cartel que estaba presente en los hospitales para que la gente aprendiera a hacer silencio y mantener la calma en un lugar de constantes emergencias. Al escuchar esta frase mi tía, profesora de yoga, me planteó que comprendió mi punto de vista pero me aclaró que "en el caso del yoga, y toda actividad que refiera a la vida espiritual de la persona el silencio es la base para conectarse con un@ mism@, de aprender a escuchar con la mente sin interferencias, siendo que ese silencio es sanador. Desde la quietud del silencio emerge nuestra verdadera esencia, nuestro verdadero ser, que está más allá de la mente.
Aquí me surge el planteo de que en las escuelas, y en la vida en general, no se tiene verdadera conciencia del poder del silencio, de la capacidad de interiorización que se tiene y que es una cuestión que se puede trabajar a futuro. Claro que está la cara oculta de por qué no se intenta que el silencio se considere relevante en la vida cotidiana: que la gente piense, reflexione sobre sus errores y redima su conducta va en contra de la sociedad de consumo y de lo que apunta la vida posmoderna. Sólo basta con darse cuenta que hoy en día es casi imposible toparse con momentos de silencio y soledad considerando la cantidad de estímulos que tenemos constantemente todas las personas. Es como si fuera una carrera por parte de los anuncios cibernéticos por ver quién y cómo captan más tu atención y por más tiempo, obligándote a vivir en una vorágine de actividades sin final, incluso estando acostad@ en tu cama a solas. Sentarse a leer, a mirar el techo o algún paisaje cercano parecen objetos lejanos comparado con la facilidad que se tiene de alcanzar nuevos conocimientos por medio de la web con sólo prender la pantalla del celular.
Esto se exacerba muchísimo más si no se tiene una preparación mental para saber afrontar las frustraciones, moverse con calma o con una psiquis estable. En este punto estoy hablando de la juventud y de las personas en formación (aunque no de manera exclusiva) que observan la realidad desde los parámetros que le indican las nuevas tecnologías y las redes sociales. 
Puede existir una confusión muy grande en sus mentes si constantemente están inquiriéndoles sobre distintas maneras de analizar la realidad y tantas miradas como links de internet. Por eso necesitamos asumir la responsabilidad como adultos de explicarles que muchas de esas visiones son demasiado personales y no necesariamente reflejan la realidad o se dicen para que el/la espectador/a piense como ell@s (siempre y cuando el/la adulto responsable pueda hacerse cargo de sus propios estímulos y tenga en claro su punto de vista sobre el tema puntual que analiza su alumn@ o allegad@ a cargo).

Yendo hacia un punto de vista más profundo sobre la cuestión, el silencio es usado como un recurso por las fuerzas del orden para mantener las cosas como están, para no alterar el panorama que rodea a los sujetos. Esto va en contra de la naturaleza humana, que requiere del cambio constante para poder realizar actividades nuevas. Somos seres sociales y en movimiento, tanto interno como externo. Necesitamos de explorar nuevos horizontes constantemente y expresar lo que pensamos sobre los temas que nos atañen. El silencio es la complicidad de otorgar la palabra y callar el punto de vista en relación a lo que está sucediendo. Es lo mismo que decir "estoy de acuerdo con lo que sucede aunque no pueda realmente decir lo que pienso por una falta de autorización interna o externa". Ejemplos de estos son la inacción frente a la represión policial, al dolor de las familias que viven en la indigencia o las situaciones de injusticia que se viven a diario. Por supuesto que no todas las personas pueden modificar esas realidades tan extremas y que darse cuenta de que se convive con las mismas es muy crudo, pero hay gente que sí tiene la posibilidad de ayudar al prójimo y ELIGE no hacerlo para continuar en el camino del beneficio personal egoísta.
Otros ejemplos del silencio usado por mecanismos del poder son los casos de abuso frente al alumnado en las escuelas (ya sea bullying o de intimidación jerárquica, por ejemplo) que son ninguneados por el personal docente o l@s directiv@s, o en ocasiones también por las familias. Hace poco estaba en una reunión y se me acercaron dos alumnas del Instituto Frederick Chopin de acá, de Mendoza, y me comunicaron una situación muy indignante que les sucedió: resulta que un profesor de danza de esa escuela supuestamente le había enviado una foto de su pene a una alumna. Esta situación es aberrante por donde se la mire y, tal como indica la ley, SIEMPRE se le debe creer al alumnado en casos como este. Siendo una escuela privada (o sea, una empresa) a pesar de que hubo protestas MASIVAS por parte del alumnado para que se sumariara al docente en cuestión, las autoridades escolares lo protegieron con excusas baratas y de hecho sancionaron a todo el alumnado que se les puso en contra pidiendo por sus derechos. Cabe destacar que en esta escuela no se les está permitido tener centro de estudiantes (de nuevo, como indica la ley que debe haber) ni clases transversales de Educación Sexual Integral (idem). Así la escuela se lavó las manos y acalló las voces de protesta. Este hecho no tuvo ningún tipo de relevancia mediática aun en tiempos de wi fi y redes sociales instantáneas. Es por esto que me parece que el silencio en ocasiones puede ser MUY perverso y controlador.
 
Sin ánimos de intentar armar la revolución desde una página de internet voy a proseguir con la reflexión. Aquí me referí al punto de vista político, siendo que en términos sociales el silencio es visto como un signo de sapiencia y de madurez, permitiendo por un lado escuchar la palabra del/la interlocutor/a y por el otro permitir un momento de pausa, de parar la pelota y de ponerse a pensar en qué es lo que está sucediendo o qué llevó a la conversación a ese punto. El diálogo requiere silencios, necesita de pausas y de aprender más a escuchar de lo que se habla. Esto lo digo por experiencia, ya que siempre fui muy ducho con la palabra tanto oral como escrita pero no así para aprender a callarme para escuchar al/la otr@. Reconozco mi error en ese aspecto como también reconozco que hubiera evitado meter la pata muchas veces si me hubiera callado en el momento oportuno. Es el autocontrol lo que suele fallar(me) y esa es una de las razones por las que no me gusta expresarme en las redes sociales: lo que se dice ahí es instantáneo y eterno, sin ningún tipo de interpretación más que la que realizan las personas que te leen, muchas veces sin conocer el contexto o la intencionalidad por la que escribiste eso.

Paradójicamente el silencio requiere de reflexión para comprenderlo, para entender las implicancias que tiene el callar en el momento oportuno o generar una pausa para continuar expresando una idea. Nos bombardean constantemente con información y nos suplican que llenemos nuestros momentos de voces, de sonidos o de "ruidos blancos" para no mirar hacia adentro y palpar nuestro interior, aquello que nos pasa y que en ocasiones nos molesta, pero que tenemos que aprender a comprender para poder trabajarlo. El silencio es poderoso, puede ser contundente o maravilloso en ocasiones y sólo se requiere de voluntad y trabajo personal para escucharlo. Acostumbrémonos a convivir con él.

El silencio (no) es salud

 Esta entrada surge de una conversación que tuve con mi tía sobre un comentario que hice en una entrevista por mi libro.
En un momento en que hablaba sobre la libertad de expresión y la imposibilidad que suele tener el alumnado general de poder decir lo que quiere en clase (sobre todo lo referido al capítulo 2: "En búsqueda de la intimidad aplicada y lejos de la intimidación")  en un momento dije "el silencio no es salud, es enfermedad" lo cual fue una referencia a la frase que se decía en época de dictaduras militares para dar a entender de que sólo se podía hablar de los temas que la junta militar considerara correctos, quienes tomaron la frase de un cartel que estaba presente en los hospitales para que la gente aprendiera a hacer silencio y mantener la calma en un lugar de constantes emergencias. Al escuchar esta frase mi tía, profesora de yoga, me planteó que comprendió mi punto de vista pero me aclaró que "en el caso del yoga, y toda actividad que refiera a la vida espiritual de la persona el silencio es la base para conectarse con un@ mism@, de aprender a escuchar con la mente sin interferencias, siendo que ese silencio es sanador. Desde la quietud del silencio emerge nuestra verdadera esencia, nuestro verdadero ser, que está más allá de la mente.
Aquí me surge el planteo de que en las escuelas, y en la vida en general, no se tiene verdadera conciencia del poder del silencio, de la capacidad de interiorización que se tiene y que es una cuestión que se puede trabajar a futuro. Claro que está la cara oculta de por qué no se intenta que el silencio se considere relevante en la vida cotidiana: que la gente piense, reflexione sobre sus errores y redima su conducta va en contra de la sociedad de consumo y de lo que apunta la vida posmoderna. Sólo basta con darse cuenta que hoy en día es casi imposible toparse con momentos de silencio y soledad considerando la cantidad de estímulos que tenemos constantemente todas las personas. Es como si fuera una carrera por parte de los anuncios cibernéticos por ver quién y cómo captan más tu atención y por más tiempo, obligándote a vivir en una vorágine de actividades sin final, incluso estando acostad@ en tu cama a solas. Sentarse a leer, a mirar el techo o algún paisaje cercano parecen objetos lejanos comparado con la facilidad que se tiene de alcanzar nuevos conocimientos por medio de la web con sólo prender la pantalla del celular.
Esto se exacerba muchísimo más si no se tiene una preparación mental para saber afrontar las frustraciones, moverse con calma o con una psiquis estable. En este punto estoy hablando de la juventud y de las personas en formación (aunque no de manera exclusiva) que observan la realidad desde los parámetros que le indican las nuevas tecnologías y las redes sociales. 
Puede existir una confusión muy grande en sus mentes si constantemente están inquiriéndoles sobre distintas maneras de analizar la realidad y tantas miradas como links de internet. Por eso necesitamos asumir la responsabilidad como adultos de explicarles que muchas de esas visiones son demasiado personales y no necesariamente reflejan la realidad o se dicen para que el/la espectador/a piense como ell@s (siempre y cuando el/la adulto responsable pueda hacerse cargo de sus propios estímulos y tenga en claro su punto de vista sobre el tema puntual que analiza su alumn@ o allegad@ a cargo).

Yendo hacia un punto de vista más profundo sobre la cuestión, el silencio es usado como un recurso por las fuerzas del orden para mantener las cosas como están, para no alterar el panorama que rodea a los sujetos. Esto va en contra de la naturaleza humana, que requiere del cambio constante para poder realizar actividades nuevas. Somos seres sociales y en movimiento, tanto interno como externo. Necesitamos de explorar nuevos horizontes constantemente y expresar lo que pensamos sobre los temas que nos atañen. El silencio es la complicidad de otorgar la palabra y callar el punto de vista en relación a lo que está sucediendo. Es lo mismo que decir "estoy de acuerdo con lo que sucede aunque no pueda realmente decir lo que pienso por una falta de autorización interna o externa". Ejemplos de estos son la inacción frente a la represión policial, al dolor de las familias que viven en la indigencia o las situaciones de injusticia que se viven a diario. Por supuesto que no todas las personas pueden modificar esas realidades tan extremas y que darse cuenta de que se convive con las mismas es muy crudo, pero hay gente que sí tiene la posibilidad de ayudar al prójimo y ELIGE no hacerlo para continuar en el camino del beneficio personal egoísta.
Otros ejemplos del silencio usado por mecanismos del poder son los casos de abuso frente al alumnado en las escuelas (ya sea bullying o de intimidación jerárquica, por ejemplo) que son ninguneados por el personal docente o l@s directiv@s, o en ocasiones también por las familias. Hace poco estaba en una reunión y se me acercaron dos alumnas del Instituto Frederick Chopin de acá, de Mendoza, y me comunicaron una situación muy indignante que les sucedió: resulta que un profesor de danza de esa escuela supuestamente le había enviado una foto de su pene a una alumna. Esta situación es aberrante por donde se la mire y, tal como indica la ley, SIEMPRE se le debe creer al alumnado en casos como este. Siendo una escuela privada (o sea, una empresa) a pesar de que hubo protestas MASIVAS por parte del alumnado para que se sumariara al docente en cuestión, las autoridades escolares lo protegieron con excusas baratas y de hecho sancionaron a todo el alumnado que se les puso en contra pidiendo por sus derechos. Cabe destacar que en esta escuela no se les está permitido tener centro de estudiantes (de nuevo, como indica la ley que debe haber) ni clases transversales de Educación Sexual Integral (idem). Así la escuela se lavó las manos y acalló las voces de protesta. Este hecho no tuvo ningún tipo de relevancia mediática aun en tiempos de wi fi y redes sociales instantáneas. Es por esto que me parece que el silencio en ocasiones puede ser MUY perverso y controlador.
 
Sin ánimos de intentar armar la revolución desde una página de internet voy a proseguir con la reflexión. Aquí me referí al punto de vista político, siendo que en términos sociales el silencio es visto como un signo de sapiencia y de madurez, permitiendo por un lado escuchar la palabra del/la interlocutor/a y por el otro permitir un momento de pausa, de parar la pelota y de ponerse a pensar en qué es lo que está sucediendo o qué llevó a la conversación a ese punto. El diálogo requiere silencios, necesita de pausas y de aprender más a escuchar de lo que se habla. Esto lo digo por experiencia, ya que siempre fui muy ducho con la palabra tanto oral como escrita pero no así para aprender a callarme para escuchar al/la otr@. Reconozco mi error en ese aspecto como también reconozco que hubiera evitado meter la pata muchas veces si me hubiera callado en el momento oportuno. Es el autocontrol lo que suele fallar(me) y esa es una de las razones por las que no me gusta expresarme en las redes sociales: lo que se dice ahí es instantáneo y eterno, sin ningún tipo de interpretación más que la que realizan las personas que te leen, muchas veces sin conocer el contexto o la intencionalidad por la que escribiste eso.

Paradójicamente el silencio requiere de reflexión para comprenderlo, para entender las implicancias que tiene el callar en el momento oportuno o generar una pausa para continuar expresando una idea. Nos bombardean constantemente con información y nos suplican que llenemos nuestros momentos de voces, de sonidos o de "ruidos blancos" para no mirar hacia adentro y palpar nuestro interior, aquello que nos pasa y que en ocasiones nos molesta, pero que tenemos que aprender a comprender para poder trabajarlo. El silencio es poderoso, puede ser contundente o maravilloso en ocasiones y sólo se requiere de voluntad y trabajo personal para escucharlo. Acostumbrémonos a convivir con él.

viernes, 15 de octubre de 2021

Lo frágil de la locura

Hay un tema que siempre me quedó latente para escribir en el blog y ahora que estoy empezando a encontrar un equilibrio dentro de la vida que quiero tener considero que puedo hacerlo. Se trata de la salud mental (aprovechando que hace unos días fue el día mundial en que se habla del tema).
Este diría que fue uno de los grandes descubrimientos que se me dio en mi vida, derribando mitos que pensaba desde chico. Creo que no me pasa sólo a mí, sino que a muchas personas más, teniendo en cuenta que no se visibiliza de la misma manera la salud física que la mental aunque ambas tienen iguales relevancias en el funcionamiento del cuerpo humano.
Damos por sentado que todas las personas tienen un desarrollo "normal" de su bienestar mental pero a medida que te adentrás en la vida adulta ves que no es así, que de hecho la gran mayoría de las personas tienen algún trastorno que debería tratarse con profesionales. Ya sea referido a la depresión, la bipolaridad, la abulia y el desgano, el espectro autista, retrasos madurativos, trastornos de ansiedad, TOCs, desórdenes alimenticios, hiperactividad, problemas en la capacidad de empatía y dilemas sociales, o un larguísimo etcétera que estoy seguro que mientras leés esto vas pensando en algún familiar o amig@ que padece o te ha comentado conflictos referidos a alguno de estos temas.
Tan común como tener una mutación genética o algún accidente que te haya invalidado una parte del cuerpo para realizar alguna actividad es que se tiene alguna condición mental, aunque sea de manera leve. El problema reside en que las imágenes de "cuerpos perfectos" que muestra la televisión y las series en general en pocas ocasiones transmiten con naturalidad que se pueda tener un conflicto desde el plano mental. Y por eso considero que es algo de lo que me compete hablar, siendo que se está dejando de lado una parte fundamental de la construcción del personaje (¿hace cuánto no citaba a Stanislavsky?) que se trata del conflicto interno, tanto así como su relación con l@s otr@s (conflicto con un otro) y con el medio que l@ rodea (conflicto con el entorno). Me surgió hablar de esto ahora porque estoy trabajando el tema a diario, sumado a que estoy viendo la tercera temporada de "Sex Education" y me causa gracia que trataron de poner todos los conflictos posibles en una sola serie, de una manera exagerada, pero dando a entender de que todas las personas tienen algún padecimiento o alguna condición no-normativa en la sociedad y que no debería ser eso lo que resalta de cada un@.
Me llama cada vez más la atención poder adentrarme en las familias con las que trabajo y descubrir todo lo que les sucedió para que lleguen al punto en el que están, a la vez que trato de salvar las cagadas que derivaron de un año de encierro. Más allá de las muertes, lo cual es obviamente un punto muy doloroso, lo peor que nos dejó la pandemia fue la desnudez que nos dejó a nivel de salud mental y la fragilidad con que quedaron algunas personas, siendo que en ocasiones les destrozó la psiquis el hecho de estar casi un año encerrad@s. Acá es donde puedo compararlo con una guerra, por las consecuencias catastróficas que nos dejó aunque más que nada dentro de nuestras cabezas y nos mostró que más allá de lo que comunicamos al mundo, seguimos siendo prisioner@s de nuestro lóbulo frontal desarrollado, con una sensación de encierro que puede que nos persiga en un futuro, aunque con la "tranquilidad" de que ese dolor es compartido por otras 7 mil millones de personas en el resto del mundo.
Hablando desde un plano más personal, me tomó muchos años comprender que las vidas que yo veía a diario no se correspondían con lo que pasaba en la televisión desde la sanidad mental. Y más años todavía poder comprender lo que me pasa adentro de mi mente (lo cual sigue siendo una incógnita en ocasiones), dándome cuenta de los errores que cometí y cometo porque no comprendo ciertos aspectos que para otras personas son evidentes; en mi caso son las convenciones sociales y las relaciones sentimentales lo que más me cuesta y lo que sé que tengo que trabajar para no lastimarme o lastimar a otr@s. Muchas veces no le encuentro sentido a percepciones que veo en otras personas como el miedo al fracaso o el "tacto" para hablar de ciertos temas, o el temor a ofender a otr@s cuando se habla. Sé que esta va a ser mi condena porque es un riesgo que tomo en cada paso que doy, pero no vine al mundo a caer bien sino a decir lo que pienso y transformarlo en un espacio más apacible para que las generaciones futuras puedan vivir mejor.
Ya adentrándome en la etapa de la vida que me toca transitar y por la experiencia que me dieron los años, pude ver que en la convivencia diaria se desnudan muchos aspectos que en otras ocasiones o para algunas personas pueden resultar insoportables (por eso trato de espantar a las personas diciéndoles que es una tortura vivir conmigo, aunque yo sé que no es así) que tienen relación directa con el pasado y presente de la persona y lo que nos hace más humanos, cuando estamos despojad@s de las máscaras que nos obliga a ponernos la sociedad. Y lo digo sabiendo que serían pocas las personas con las cuales podría convivir de aquí en más, siendo una de ellas de la que estoy enamorado hace tantísimos años y la cual acepto conociendo sus condiciones mentales y todo lo que sufrió (y sufre) por consecuencia de no ser "normal" o porque las personas a su alrededor la lastimaron por no darle un espacio de desarrollo para su capacidad, más allá de lo que mostrara por fuera.
También planteándome con más fuerza el rol de la paternidad que puede que tarde unos cuantos años más en aparecer pero que voy estudiando como si fuera una tesis de vida que voy a rendir cuando me sienta preparado para hacerlo.
Esto era lo que quería decir y comunicar desde este lugar, ya más cómodo que en otras ocasiones y a pocos meses de asentarme definitivamente en un departamento donde pueda desensillar todo lo que fui acumulando en los últimos casi ocho años de vida, sumado a lo que había vivido antes de eso. Es mucha información para asimilar, mucho material para ordenar, y muchos libros por (re)leer para tener todo como quiero, aunque en constante dinamismo.
Espero que este posteo haya dejado más preguntas que respuestas y que sea el puntapié para poder hablar de lo que nos pasa por dentro, siendo que por suerte el mundo se va abriendo cada vez más a aceptar que no somos personas iguales y que la sanidad mental es una utopía por alcanzar, siendo más coherente buscar un equilibrio de fuerzas internas más que una falsa perfección de fantasía.

Lo frágil de la locura

Hay un tema que siempre me quedó latente para escribir en el blog y ahora que estoy empezando a encontrar un equilibrio dentro de la vida que quiero tener considero que puedo hacerlo. Se trata de la salud mental (aprovechando que hace unos días fue el día mundial en que se habla del tema).
Este diría que fue uno de los grandes descubrimientos que se me dio en mi vida, derribando mitos que pensaba desde chico. Creo que no me pasa sólo a mí, sino que a muchas personas más, teniendo en cuenta que no se visibiliza de la misma manera la salud física que la mental aunque ambas tienen iguales relevancias en el funcionamiento del cuerpo humano.
Damos por sentado que todas las personas tienen un desarrollo "normal" de su bienestar mental pero a medida que te adentrás en la vida adulta ves que no es así, que de hecho la gran mayoría de las personas tienen algún trastorno que debería tratarse con profesionales. Ya sea referido a la depresión, la bipolaridad, la abulia y el desgano, el espectro autista, retrasos madurativos, trastornos de ansiedad, TOCs, desórdenes alimenticios, hiperactividad, problemas en la capacidad de empatía y dilemas sociales, o un larguísimo etcétera que estoy seguro que mientras leés esto vas pensando en algún familiar o amig@ que padece o te ha comentado conflictos referidos a alguno de estos temas.
Tan común como tener una mutación genética o algún accidente que te haya invalidado una parte del cuerpo para realizar alguna actividad es que se tiene alguna condición mental, aunque sea de manera leve. El problema reside en que las imágenes de "cuerpos perfectos" que muestra la televisión y las series en general en pocas ocasiones transmiten con naturalidad que se pueda tener un conflicto desde el plano mental. Y por eso considero que es algo de lo que me compete hablar, siendo que se está dejando de lado una parte fundamental de la construcción del personaje (¿hace cuánto no citaba a Stanislavsky?) que se trata del conflicto interno, tanto así como su relación con l@s otr@s (conflicto con un otro) y con el medio que l@ rodea (conflicto con el entorno). Me surgió hablar de esto ahora porque estoy trabajando el tema a diario, sumado a que estoy viendo la tercera temporada de "Sex Education" y me causa gracia que trataron de poner todos los conflictos posibles en una sola serie, de una manera exagerada, pero dando a entender de que todas las personas tienen algún padecimiento o alguna condición no-normativa en la sociedad y que no debería ser eso lo que resalta de cada un@.
Me llama cada vez más la atención poder adentrarme en las familias con las que trabajo y descubrir todo lo que les sucedió para que lleguen al punto en el que están, a la vez que trato de salvar las cagadas que derivaron de un año de encierro. Más allá de las muertes, lo cual es obviamente un punto muy doloroso, lo peor que nos dejó la pandemia fue la desnudez que nos dejó a nivel de salud mental y la fragilidad con que quedaron algunas personas, siendo que en ocasiones les destrozó la psiquis el hecho de estar casi un año encerrad@s. Acá es donde puedo compararlo con una guerra, por las consecuencias catastróficas que nos dejó aunque más que nada dentro de nuestras cabezas y nos mostró que más allá de lo que comunicamos al mundo, seguimos siendo prisioner@s de nuestro lóbulo frontal desarrollado, con una sensación de encierro que puede que nos persiga en un futuro, aunque con la "tranquilidad" de que ese dolor es compartido por otras 7 mil millones de personas en el resto del mundo.
Hablando desde un plano más personal, me tomó muchos años comprender que las vidas que yo veía a diario no se correspondían con lo que pasaba en la televisión desde la sanidad mental. Y más años todavía poder comprender lo que me pasa adentro de mi mente (lo cual sigue siendo una incógnita en ocasiones), dándome cuenta de los errores que cometí y cometo porque no comprendo ciertos aspectos que para otras personas son evidentes; en mi caso son las convenciones sociales y las relaciones sentimentales lo que más me cuesta y lo que sé que tengo que trabajar para no lastimarme o lastimar a otr@s. Muchas veces no le encuentro sentido a percepciones que veo en otras personas como el miedo al fracaso o el "tacto" para hablar de ciertos temas, o el temor a ofender a otr@s cuando se habla. Sé que esta va a ser mi condena porque es un riesgo que tomo en cada paso que doy, pero no vine al mundo a caer bien sino a decir lo que pienso y transformarlo en un espacio más apacible para que las generaciones futuras puedan vivir mejor.
Ya adentrándome en la etapa de la vida que me toca transitar y por la experiencia que me dieron los años, pude ver que en la convivencia diaria se desnudan muchos aspectos que en otras ocasiones o para algunas personas pueden resultar insoportables (por eso trato de espantar a las personas diciéndoles que es una tortura vivir conmigo, aunque yo sé que no es así) que tienen relación directa con el pasado y presente de la persona y lo que nos hace más humanos, cuando estamos despojad@s de las máscaras que nos obliga a ponernos la sociedad. Y lo digo sabiendo que serían pocas las personas con las cuales podría convivir de aquí en más, siendo una de ellas de la que estoy enamorado hace tantísimos años y la cual acepto conociendo sus condiciones mentales y todo lo que sufrió (y sufre) por consecuencia de no ser "normal" o porque las personas a su alrededor la lastimaron por no darle un espacio de desarrollo para su capacidad, más allá de lo que mostrara por fuera.
También planteándome con más fuerza el rol de la paternidad que puede que tarde unos cuantos años más en aparecer pero que voy estudiando como si fuera una tesis de vida que voy a rendir cuando me sienta preparado para hacerlo.
Esto era lo que quería decir y comunicar desde este lugar, ya más cómodo que en otras ocasiones y a pocos meses de asentarme definitivamente en un departamento donde pueda desensillar todo lo que fui acumulando en los últimos casi ocho años de vida, sumado a lo que había vivido antes de eso. Es mucha información para asimilar, mucho material para ordenar, y muchos libros por (re)leer para tener todo como quiero, aunque en constante dinamismo.
Espero que este posteo haya dejado más preguntas que respuestas y que sea el puntapié para poder hablar de lo que nos pasa por dentro, siendo que por suerte el mundo se va abriendo cada vez más a aceptar que no somos personas iguales y que la sanidad mental es una utopía por alcanzar, siendo más coherente buscar un equilibrio de fuerzas internas más que una falsa perfección de fantasía.

sábado, 2 de octubre de 2021

Ángel de la soledad

 No puedo pretender que todas mis entradas sean sobre política y crítica social. Hay días en que necesito expresar lo que tengo dentro, lo que soy y lo que construí adentro mío en los últimos 32 años.
Estoy saliendo de mi zona de comfort de viajes por primera vez desde hace muchos años y encontrándome con lo que acumulé adentro mío para ponerme a pensar en qué es lo que realmente me pasa. Y comenzar a trabajar en el mundo de la salud mental también hace que reflexione sobre mi pasado y presente, y sobre la vida que tengo.
¿Quién soy? ¿Qué quiero? ¿Para qué hago lo que hago? ¿Cómo fue y es mi vínculo con las demás?
No es fácil llegar a la adultez entero y sin rasguños. Pero los años van enseñando que parar la pelota te enfrenta con el espejo, te guste o no lo que ves. Y sí, me gusta lo que veo, amo mi reflejo y me siento muy orgulloso de todo lo que logré hasta ahora, sabiendo que es el primer paso de todos los que voy a dar. El dilema no es ese por suerte, sino la alteridad. Las cenizas que quedaron en el suelo de la última vez que alguien me dijo buen día apenas me desperté y los resabios del aroma de una noche de sueños compartidos. El desgano de salir a buscar algo que no sé cómo encontrar ni con la paciencia que tenía hace unos años de soportar teorías inconexas. Ya no soy el que era de chico, aunque el reclamo es el mismo, desde otro lugar, del mismo frente. 
Los días soleados ayudan a florecer, ese es mi consuelo. Y mi caballo de metal me ayuda a llegar más rápido al lugar que desconozco, siempre yendo con la soledad a cuestas. 
Cuesta.
Soy áxido y sin filtros, me siento a veces adicto y procastinador porque la voluntad no alcanza para llegar a donde quiero llegar. Son pensamientos etéreos, vanas preguntas que quedan en el aire, incógnitas que se resuelven trabajando duro y encontrando palabras bonitas en voces sin rostro. O al menos eso es lo que dice la teoría. La realidad es un poco más compleja y sin finales felices.
Me toca enfrentarme a mí mismo y darme cuenta que sólo yo me tengo cuando me necesito. Cuando el abrazo puede ser salvador pero pedirlo, innecesario. Inspirarse en las incipientes nubes hasta verme desnudo con mi alma sola. Rogarle al futuro por seguir siendo yo el resto de mi vida.
Compartir lo que más anhelo sólo para que la otra persona me sonría cuando se lo digo y le hablo del tema.
¿Pero esto te pasa siempre? No, sólo a veces estoy así, pero es necesario decírmelo y comprenderlo para poder trabajarlo. Soy una mezcla de contradicciones que camina a un paso que a veces parece detenido en el tiempo y por otras como un haz de luz que no se muestra con facilidad, que no deja pasar el malestar ni hacerlo notar a los demás. No son las miradas, es el yo.
Regurgitarme y escupir lo que mejor sé hacer que está mezclado en ese mazo de cartas que barajo con paciencia sin final.
Resucito la acción poética que se esconde en las paredes de mi mente para mostrarme que no sólo soy una materia gris bonita y admirable. Tengo un corazón latiendo con fuerza, y tengo necesidades como cualquier ser humano, aunque no no no lo manifieste con agudeza.
Soy un virus en el Sistema, un glitch en la formación de esta generación, un error en la Matrix que busca la antipsiquiatría antes que tomar las pastillas. Pero más allá de las jocosas etiquetas, sigo siendo yo. Una persona común y corriente, que come, que bebe, que ama y es amado. Que espera a la Mesías con la mesa preparada todos los días y una lista de temas para una conversación agradable, haciéndole creer que no la extraño y no la esperé todo este tiempo. No sé si el amor existe, pero mis sentimientos son eso, lo que me dicen que son, sin tapujos, sin presiones y sin pestañear porque quizás pueda hablar mucho de mí y nunca me falten temas, pero la vida está hecha para ser compartida.

Ángel de la soledad

 No puedo pretender que todas mis entradas sean sobre política y crítica social. Hay días en que necesito expresar lo que tengo dentro, lo que soy y lo que construí adentro mío en los últimos 32 años.
Estoy saliendo de mi zona de comfort de viajes por primera vez desde hace muchos años y encontrándome con lo que acumulé adentro mío para ponerme a pensar en qué es lo que realmente me pasa. Y comenzar a trabajar en el mundo de la salud mental también hace que reflexione sobre mi pasado y presente, y sobre la vida que tengo.
¿Quién soy? ¿Qué quiero? ¿Para qué hago lo que hago? ¿Cómo fue y es mi vínculo con las demás?
No es fácil llegar a la adultez entero y sin rasguños. Pero los años van enseñando que parar la pelota te enfrenta con el espejo, te guste o no lo que ves. Y sí, me gusta lo que veo, amo mi reflejo y me siento muy orgulloso de todo lo que logré hasta ahora, sabiendo que es el primer paso de todos los que voy a dar. El dilema no es ese por suerte, sino la alteridad. Las cenizas que quedaron en el suelo de la última vez que alguien me dijo buen día apenas me desperté y los resabios del aroma de una noche de sueños compartidos. El desgano de salir a buscar algo que no sé cómo encontrar ni con la paciencia que tenía hace unos años de soportar teorías inconexas. Ya no soy el que era de chico, aunque el reclamo es el mismo, desde otro lugar, del mismo frente. 
Los días soleados ayudan a florecer, ese es mi consuelo. Y mi caballo de metal me ayuda a llegar más rápido al lugar que desconozco, siempre yendo con la soledad a cuestas. 
Cuesta.
Soy áxido y sin filtros, me siento a veces adicto y procastinador porque la voluntad no alcanza para llegar a donde quiero llegar. Son pensamientos etéreos, vanas preguntas que quedan en el aire, incógnitas que se resuelven trabajando duro y encontrando palabras bonitas en voces sin rostro. O al menos eso es lo que dice la teoría. La realidad es un poco más compleja y sin finales felices.
Me toca enfrentarme a mí mismo y darme cuenta que sólo yo me tengo cuando me necesito. Cuando el abrazo puede ser salvador pero pedirlo, innecesario. Inspirarse en las incipientes nubes hasta verme desnudo con mi alma sola. Rogarle al futuro por seguir siendo yo el resto de mi vida.
Compartir lo que más anhelo sólo para que la otra persona me sonría cuando se lo digo y le hablo del tema.
¿Pero esto te pasa siempre? No, sólo a veces estoy así, pero es necesario decírmelo y comprenderlo para poder trabajarlo. Soy una mezcla de contradicciones que camina a un paso que a veces parece detenido en el tiempo y por otras como un haz de luz que no se muestra con facilidad, que no deja pasar el malestar ni hacerlo notar a los demás. No son las miradas, es el yo.
Regurgitarme y escupir lo que mejor sé hacer que está mezclado en ese mazo de cartas que barajo con paciencia sin final.
Resucito la acción poética que se esconde en las paredes de mi mente para mostrarme que no sólo soy una materia gris bonita y admirable. Tengo un corazón latiendo con fuerza, y tengo necesidades como cualquier ser humano, aunque no no no lo manifieste con agudeza.
Soy un virus en el Sistema, un glitch en la formación de esta generación, un error en la Matrix que busca la antipsiquiatría antes que tomar las pastillas. Pero más allá de las jocosas etiquetas, sigo siendo yo. Una persona común y corriente, que come, que bebe, que ama y es amado. Que espera a la Mesías con la mesa preparada todos los días y una lista de temas para una conversación agradable, haciéndole creer que no la extraño y no la esperé todo este tiempo. No sé si el amor existe, pero mis sentimientos son eso, lo que me dicen que son, sin tapujos, sin presiones y sin pestañear porque quizás pueda hablar mucho de mí y nunca me falten temas, pero la vida está hecha para ser compartida.