Quiero por este medio concluir una seguidilla de entradas que pueden verse a la distancia como muy negativas. Sé que me caracteriza mi pulsión de vida, mis ganas de hacer cosas, mis proyectos en ebullición constantes pero fue un año difícil sobre todo desde el plano económico, sumado a la adaptación constante que requiere cuidar a un bebé. Mi salud mental se vio en jaque más de una vez, preguntándome a mí mismo qué carajo estoy haciendo y si es lo correcto. Por suerte no estoy solo en este juego y si me equivoco, los errores son compartidos; y si acierto, los logros son mutuos.
Había perdido la fe en lo que hacía porque me sentía perdido y fuera de mi zona de comfort de "sé lo que hago" o "por lo menos llego a fin de mes". Me faltó tanto uno como otro por momentos pero tuve la fortuna de pasar ese mal trago gracias a la compañía de mi compañera. Mariana fue mi empuje cuando tenía que arrastrarme para hacer las tareas cotidianas o para alcanzar aquello que la rutina me obligaba a ejercer... sumado a cuidar a la bebé.
Y eso que este año fue bastante productivo a nivel artístico, por lo menos de mi lado literario: edité y publiqué mi segundo libro, traduje y edité online el primero, compaginé mi primer poemario (que algún día saldrá a la venta) junto a escribir muchos poemas más, escribí por primera vez muchísimos cuentos de ficción de diversa duración para muchos concursos, escribí muchas cartas para que lea mi hija cuando sea más grande, escribí y edité (con filmación de Mariana) lo de #cienideasparacambiarlaeducación llegando a poner en Instagram la mitad, preparé para enviar un "recetario anarquista" que algún día imprimiré, empecé (poco a poco) mi primera novela de ciencia ficción, continué escribiendo en mi agenda y fui mucho más prolijo en mi agenda docente, preparé un montón de clases de ESI y las pasé en limpio en un hermoso cuadernillo que ahora estoy vendiendo, sumado a los informes que tuve que hacer en Junio como hago siempre para la escuela especial... Y eso es lo que recuerdo en este momento. Realmente hice mucho como para descargar esa ansiedad constante que a veces me aprieta para no dejarme comprender la realidad y reflexionar. Creo que nunca estuve tan inspirado para escribir como desde que me enteré que venía la bebé, el embarazo y este primer año de su vida, que ahora va a alcanzar 525600 minutos de amor que no se pueden medir con nada más que con poesía sin mediación.
Todo esto mientras aprendía a ser papá de un precioso ser que va creciendo día a día y me va enseñando qué y cómo hacer en cada mes y cada etapa de su vida. Aprendí a jugar y jugar más con ella y a disfrutarla sin tanto temor a equivocarme o a sentir que estoy haciendo algo mal porque sé que cada minuto que paso con o por ella es un minuto de amor que va a quedar para siempre aunque no lo recuerde conscientemente.
Pero aún teniendo todo lo que tengo hubo días grises, como los que nos acostumbra el Super Niño: días apagados en que no veía la salida a la rutina y que volví a casa para seguir trabajando. Hasta que ella el otro día me cambió el foco e iluminó mis días con una luz de esperanza entre tanta nubosidad. Ella, la misma que me dice "no, esas ideas no creo que funcionen" o "probá por acá" e incluso "ah, esa es una idea muy buena, está genial, yo te ayudo a hacerla realidad" porque confiamos en el talento del/la otrx y en la capacidad que tiene de ser mejor que hoy en día. Como también, tal como le dije en un poema de hace poquito: somos tres que somos uno.
¿De qué se trata este proyecto? No, no lo puedo decir porque no corresponde. Como muchos otros proyectos que viven en nuestra casa y están ahí encadenados a las paredes sólo para ser liberados cuando creemos que es necesario y prudente sacarlos a pasear para que crezcan. O puede que quede ahí olvidado, oxidándose en las nubes polvorientas del tiempo, porque así tiene que ser.
Quién sabe, lo único de lo que estoy seguro es que ahora estoy más contento de vivir el día a día, de sentirme afortunado de ser yo, de la pareja con la que formo compañía y de la hija que tengo. No todo es color de rosas pero estamos juntxs en esto. En esta aventura constante que se renueva día a día y que me permite pensar que tomé la decisión correcta y me fortalece todos los días. Desde lo artístico, desde el plano de mi paternidad, desde la confianza que me tengo a mí mismo y a ellas, y desde lo humano.
Quizás a veces no es cuestión de tener todo claro desde el principio sino de pensar en utopías y llevarlas a cabo cuando sea necesario. Como cuando en el 2007 planeé el viaje que iba a hacer en el 2019 o cuando en el 2017 pensé el libro que publiqué en el 2021. Yo me manejo así, bosquejando a futuro y jugando a descubrirme y ser yo en cada nuevo sueño lejano (de los cuales todavía me quedan varios por cumplir). Pero esta vez no estoy solo: somos una familia que vive de aventuras.